Mi hijo, soltero, treinta años, comunicador social de la UPB, con un buen salario como empleado de Pragma Comunicaciones desde hace 5 años, sintió que solo tenia dos opciones: Pasar unos días conmigo en “The City hwo never sleeps”, o recorrer Suramérica en bicicleta. Le negaron la visa, “Usted no tiene fuertes vínculos con Colombia”. Ahí empezaron dos cosas: Su crónicas de viajes y nuestras ansiedades por leerlas. Nuestras, porque muchos estamos viajando con él y a través de él.
Mi alma se acongoja cuando leo sobre sus sufrimientos, y todo mi ser se enternece con su oración de gracias y de esperanza al "Amiguito Dios", tal vez de la misma manera que me conmoví cuando lo vi a sus trece años, con los ojos cerrados, de rodillas, en actitud de plegaria frente al afiche de Juan Pablo Segundo. Me alarman los días sin comida o con solo “inmundicias” para llenar el estómago, especialmente porque conozco y sufrí su paladar exquisito. Pero me gusta esa manera como narra, libre de toda forma, suelta, sincera, profunda, evocando canciones ajenas a mi generación, mezclando recuerdos pasados y futuros, fiel a sus pensamientos y convicciones aunque algunas sean erróneas. Y creo que le gusta a muchos, que vivimos pendientes de sus noticias y reímos y disfrutamos con ellas.
Me estremecen las situaciones de riesgo que enfrenta, pero tengo la convicción de que saldrá inmune a todos los peligros. Me duele que se queje del frío en el cuerpo y en ocasiones hasta en el alma. Conozco ambos: El que impide “cuajar los mocos” y congela los dedos. Ese que entumece la nariz, y hace doler las orejas. Es el mismo que se siente aquí, en inviernos con temperaturas a menos 20 grados centígrados. Es mortal, pero se soluciona fácil: Ropa térmica y protección que incluya las manos y la cabeza.
El otro, el que nos hace buscarnos sin encontrarnos, el que nos aleja cuando nos acercamos, el que duele en todo el cuerpo sin acomodarse en un sitio definido, el de la nostalgia por la confianza perdida, el de la lágrima fácil y el corazón oprimido, el que nos pone las trampas del regreso para volver a empezar, el de los falsos espejismos, y los sueños para compartir, el que magnifica los recuerdos de una patria podrida y desangrada, de una familia querida y odiada, de amigos leales y traicioneros, de amores perdidos y por vivir, el que filtra y borra las malas experiencias, ese frío que carcome el alma es más difícil de derrotar. A veces se logra. ¿Como? Tiempo. Paciencia. Experiencia. Canas. Lágrimas. Alguien que nos escuche y nos abrace. Y música, mucha música.
Hijo, no puedo calentar tu corazón ni tu cuerpo. Pero no seria sincera si te pidiera regresar. Al igual que tu, entiendo que la familia esta en el corazón, en el viento, en las palabras que no se dicen. Tal como tu, también comprendo que la patria son los amigos, los lugares de siempre, los sabores y olores que nos persiguen en el exilio, el cálido abrazo y la comodidad de un espacio cerrado y hasta encerrado que dejamos atrás. Pero no te pido regresar.
No pasa por mi cabeza ni la sombra de una enfermedad traidora, ni un obstáculo insalvable, ni un fatal accidente y mucho menos, una muerte estúpida. Tampoco es por egoísmo. Ni porque, como te dije algún día, heredaste mi deseo de aventurarme por el mundo y mi sueño de escribir. Tampoco te aconsejo seguir el viaje solo para demostrar tu calidad y valentía a quienes te vieron regresar en dos semanas. Lo que piensen los demás es lo de menos. Se que continuaras por convicción o locura y las madres siempre apoyamos las locuras de los hijos. Creemos en ellos más que ellos mismos. Sabemos cuando están listos para el regreso. Y lo de la derrota o el triunfo tiene para nosotros dos un significado diferente al de la fama o el dinero. Algo romántico, bastante extraño en este milenio.
Sigue adelante, hijo. El viaje es largo. Toca sistematizar lo aprendido en el pénsum de la vida. Hace parte de “Como trabajar en una comunidad”, materia obligatoria de sociología de la Autónoma y que vi con tu padre. Te resumo lo más importante:
- Con Silverio siempre. En todas partes habrá un Silverio. Es el líder. A veces tiene un cargo oficial, pero generalmente no. Es el hombre sencillo a quien todos respetan no por el cargo sino por ser el mismo. Pregunta siempre quien es y preséntate. Pídele que te presente a las autoridades. Ellas también lo reconocen y respetan. Primero Silverio, después el Alcalde. Ya sabes las ventajas.
- Los viejos, campesinos o no, somos desconfiados frente a los extraños y más si tienen cámara. Es cuestión de experiencia. No de querer los dólares ajenos. Los turistas creen comprar confianza. Pero siempre serán extraños. Si el extraño sufre o muere es su problema. Si al amigo le pasa algo todos quieren ayudarlo. El muro lo derriba Don Silverio porque él nunca los ha engañado.
- Todas las comidas son buenas. La única mala es el hambre y nada para echar al estómago. Si por extraña se te devuelve, te tragas el vómito y sigues adelante. Otro día te contaré como me ayudó el “sobrao” de don Braulio, que me comí con su misma cuchara, algo impensable en mí, cuando tenía 18 años.
- No digas que no cargaras cemento de nuevo, ni harás trabajo material. Te va a tocar muchas veces. Resultado: Ganarse la confianza de la gente, quedar en su memoria y en su historia, en la que contaran después. Solo así lograrás historias y fotos con corazón.
- Claro que las vacas hablan, guevón! Y los caballos también. Y las gallinas y las mariposas. Hasta Lola te hablará. “Solo es cuestión de despertarles el ánima”, como decía el viejo José Arcadio Buendía. Si lo logras y te haces entender, te darán leche y trotaran. Aprende la sabiduría del hombre del campo.
- Para suavizar las manos, toda la piel, el pelo: Un poquito de bicarbonato de sodio mezclado con agua. También sirve de crema dental, pero usado con moderación porque es muy abrasivo. Incluso para quitar el mal olor de las medias y no cometer el suicidio de lavarlas y ponérselas mojadas. En todas las casas siempre tienen.
- Tus fotos cada día son mejores. Creemos que la sombra negra que a veces aparece puede ser un sucio en el lente. Revísalo. Límpialo con un trapo un poco humedecido con alcohol y sécalo bien.
- El material fotográfico y escrito sobre los niños es excelente. Deberías ponerlo en un sitio especial, para una historia especial.
- Gracias por tenerme en tu corazón y por ponerme en tu blog. Honor inmerecido este último. Trataré de sostenerlo y con la ayuda de Rodri lo iré mejorando. Las nuevas tecnologías no son mi fuerte.
- La vida no es fácil ni simple. Se aprende en cada anochecer. Sigue adelante, no por nosotros, sino por ti mismo, porque tienes la motivación para hacerlo. Porque deseas hacerlo.
- Por último: Cuídate mucho. Te veo flaco y quemado. Bastantes chocolatinas, a falta de otro energético. Bloqueador solar. Nada de cigarrillo. Talento y voluntad tienes de sobra.
- Ya tus amigos reconocieron tu slogan: Retrocer nunca, rendirse jamás.